Regreso al futuro
Dos veces al año el espacio temporal se rompe para dar lugar a dos divertidos pasatiempos: los cambios de hora. En este caso concreto, el que nos ha tocado sufrir es el de "una hora más".
Las reglas del juego son fáciles: acuerdate de todos los relojes que pueblan tu hogar (minicadenas, videos, televisiones, microondas... ojo, el del ordenador no! que ese se cambia sólo por arte de magia) y vete uno a uno añadiendoles una hora (ni un minuta más ni una menos). Pero cuidado, porque si dejas uno, aunque sólo sea uno, anclado en el pasado correrás el riesgo de que algun día, con las prisas, creas estar una hora retrasado, llegando tarde a cuantas citas tengas en mente...bueno, aunque si esta era ya tu intención, siempre podrás servirte de la ya brillante excusa: "ya sabes, el cambio de hora, que me ha pillado dormido".
Llegado esta fecha del cambio, el temita en cuestión tiene su hueco en todas las tertulias tanto televisivas como radiofónicas, y los contertulios lanzan a debate preguntas tan interesantes como: "¿por que entre Badajoz y Lisboa hay una hora de diferencia mientras entre Badajoz y Berlín no hay ninguna diferencia horaria?" ni lo sé ni me importa, aunque viendo por dónde van los tiros propongo que para el siguiente cambio de hora se realice una retransmisión en directo desde la puerta del Sol, con Ramón García y capa incluidos, y si llega el presupuesto algún que otro cutrefamoso. "Ahora presten especial cuidado, despues de los cuartos vendrán las campanadas y, a continuación, procederemos a adelantar en una, la hora que en ese momento marque nuestro reloj"
Y con esto me despido...hasta el cambio que viene!

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