Abre los ojos
Antes de la temida época de examenes, hago todas las noches un propósito de conciencia para madrugar al día siguiente, ponerme cuanto antes a hacer cosas y estudiar del tirón y sin pausas. Desgraciadamente, la realidad es bien distinta, nunca consigo despertarme a la hora a la que suena el despertador (misteriosamente siempre lo apago y sigo durmiendo), una vez despierto hago cosas que nunca haría con tal de no sentarme delante del libro (como ver a la Campos) , y una vez que estoy sentado delante del libro hago descansos que a veces duplican el tiempo que llevaba estudiando.
Pues si esto me pasa durante la época en la que en teoría estoy con clases, y sometido a cierta presión, un día como hoy (13 de agosto) la motivación brilla por su ausencia.
Por ello, me he decidido en aprovechar la mañana dando un paseo, con la coinciedencia de que hoy empieza ese fin de semana conocido internacionalmente (casi tanto como el descenso del Sella) por ser aquel en el que menos gente hay en Madrid (ayer se fueron los que empiezan las vacaciones y el domingo llegan los que las terminan), siendo 4 personas (3 de ellos turistas) las que hoy paseábamos por sus calles.
Así, caminando por un Madrid casi desierto me he sentido como Eduardo Noriega en la película "Abre los ojos", deseando de vez en cuando echar a correr y ponerme a pegar gritos en medio de la calle; pero esta vez, la pesadilla no era tal: el zumbido de tráfico de fondo había desaparecido, el aire olía a cesped recién regado y hasta el cielo había sustituido el gris debido a la polución, por un azul deslumbrante.
Esperemos que la pesadilla no llegue en Septiembre en forma de suspensos...

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