WIT
Ayer tuve la suerte de poder ir a ver al teatro WIT, una obra sobre una enferma terminal de cancer cuyo papel borda Rosa María Sardá. La obra en sí me pareció dura, a pesar de que a veces la propia situación del personaje y los comentarios que éste realiza, puedan llevar a la carcajada.
La obra invita a sacar reflexiones sobre ese tipo de temas que cuesta muchas veces plantearse, la llegada inminente de la muerte, la salud, la soledad... aparte de otros que nadie se plantea como el trato digno a las personas; afortunadamente, los médicos de la representación no son como el doctor House. Al final, el cancer es sólo el medio usado para poner en escena todo este tipo de reflexiones, reflexiones que la propia Sardá, en su papel de profesora de literatura, lanza al público como si de una de sus clases se tratara.
El final es bien sabido desde el principio de la obra, pero no por ello deja de sorprender. Los detalles tanto de luz, llega a tener papel de protagonista en la obra, como de sonido, nunca un sonido de ambulancia me sobrecogió tanto, están a la altura de un escenario que pese a lo minimalista de su contenido (se podría decir que cuatro cortinas) sorprende por su gran versatilidad. Una obra altamente recomendable aunque sólo sea por la genial interpretación de Rosa María, la cual consigue clavar un papel tan difícil que ha conseguido que cambie la mala impresión que la televisión me había creado de ella.
A la salida de la obra recuerdo que tanto yo como mi acompañante nos encontrabamos en un estado emocional difuso, digiriendo todo lo que acababamos de presenciar, casi lo de menos era cenar. Un estado bien distinto al de todos aquellos que salieron deprisa y corriendo para encenderse su cigarrillo... bendito alquitrán...
