martes, mayo 10, 2005

El mal trago

Sigo constipado... y lo peor ya no es el toser por las noches y no pegar ojo, o el levantarte con la voz de Sabina o de Colombo... lo peor es que ahora mi madre ha decidido tomar cartas en el asunto.
Así, desde el domingo, mi madre me obliga a tomarme un jarabe, de nombre impronunciable, mañana, tarde y noche, y todo sería muy bonito si el maldito jarabe no supiera a rayos. Al principio caí en la trampa del color: "uy, si es rojo, seguro que sabe a fresa" ... sí, a fresa regada con oraldine, porque a otra cosa...
Tras darme cuenta de que con eso no me encontraba mejor y que lo único que conseguía era dejarme la boca oliendo a hospital, decidí hacerme el tonto y dejar pasar las horas sin tomarme el maldito líquido. Pero a mi madre no se le pasa una, y cada vez que llegaba la hora aparecía cuchara en mano (y botella en la otra) para hacerme ingerir el nocivo brebaje.
La situación me recordaba a la de los protagonistas de las películas que solía ver de pequeño, en las que los niños, cada vez que se portaban mal, eran castigados a tomar aceite de ricino... y si es por las caras que ponían, no debería saber muy distinto a lo de mi medicamento. Afortunadamente, la botella ya estaba empezada, y como mucho dura hasta mañana por la noche... todo un alivio par mi faringe.